Hola!! me gustaría hablaros de un error común del que nosotros somos expertos. El DOLOR

¿AMIGO O ENEMIGO?

Siempre hemos visto el dolor, como aquel INCORDIO que llega a nuestra vida para no dejarnos vivirla tranquilos. Y todo lo que nos rodea, nos continua afianzando la idea de que es algo que tenemos que rechazar, evitar y suprimir de la manera que sea. De ahí, el enorme gasto en paracetamol, ibuprofeno y sus parecidos.

Pero…. Realmente, ¿¿sabéis qué es el dolor??

 

Cuando te duele la panza, ¿vas al médico y tomas algo para matar al bichito que te tortura? Seguro que la respuesta es SÍ, y…. ¿La cosa mejora? ¡También!

Cuando te lesionas…¿Evitas hacer aquel movimiento que te produce dolor? Si continuaras colocando el pie de la misma manera después de hacerte un esguince… ¿Qué crees que pasaría? Acabarías rompiéndolo todo!!

Por el contrario…

¿Cuántas personas habéis perdido por un infarto?

¿Por esa hipertensión que nadie conocía?

¿Por cáncer?

Todas estas patologías son famosas por no causar dolor (a menos que esté en una fase muuuy avanzada), incluso entre el mundo sanitario se conoce a la hipertensión como “el asesino silencioso”.

Después de haceros estas preguntas te planteo, dolor: ¿Amigo? o ¿enemigo?

Supongo que empiezas a ver por dónde voy.

El dolor es simplemente la manera que tiene nuestro cuerpo de informarnos de que algo no le parece bien. Y SÍ!!! NO HE DICHO, “QUE ALGO “NO ANDA BIEN”, HE DICHO QUE “NO LE PARECE BIEN”!!

Fisiología

Aclaremos esto, fisiológicamente tenemos unos receptores que se encargan de informar a nuestro cerebro cuando hay un daño en nuestro cuerpo, llamados “nociceptores”, pero éstos NO nos dan una señal de dolor, tan sólo se encargan de informar a nuestro cerebro de que algo se está dañando. Cuando esta información intenta llegar a nuestro cerebro para que sea interpretada, antes de llegar a su final, pasa por el tálamo que es el lugar donde se regulan las emociones. Y…¿ Qué ocurre al pasar por aquí? Que la información de los nociceptores se mezcla con las emociones dando como resultado una señal de dolor que variará su percepción en función de dichas emociones.

Para verlo más claro….

Imagina un día en el que te encuentras fatal, estás hecho un trapo en el sofá sin fuerzas casi para respirar. ¿Lo tienes?? Ahora piensa que pasaría si te llamara la persona que más deseas ver en tu vida y te dijera que en 10 min esta en tu puerta y quiere salir a cenar. ¿¿Qué ha ocurrido??

Seguramente se te haya puesto una gran sonrisa en la cara y de repente… no sé de dónde…. Salieron fuerzas hasta para bailar!!! Jajaja

La pregunta es…¿¿ No estabas tan enfermo?? Jejej.

Seguro que si tuvieras un simple uñero y hubiera llamado aquel familiar pesado de turno con el que tenías que quedar, casi tienes que ir al hospital. jajaja

Cierto que a veces le ponemos algo de cuento, pero no es sólo eso.

¿Qué pasó?

El deseo de hacer aquello que tanto deseas, te produjo unas emociones que hicieron que el dolor, no fuera recibido como tan grave amenaza para tu cuerpo. Tu cerebro decidió que era más importante hacerte feliz.

 

Nuestro cerebro es el ordenador más potente que os podáis imaginar. Se encarga de recibir todas las señales que vienen tanto del exterior del cuerpo como de su interior, las procesa y decide cuáles son buenas para nosotros y cuáles debemos evitar.

Esto quiere decir, que entre sus infinitas funciones, nuestro cerebro es el encargado de cuidarnos. Obsesionado en captar lo que considera una amenaza y hacernos reaccionar para evitarlas. Tal cual, como una mami primeriza jeje.

Esto nos parece perfecto ¿¿verdad?? Pues, no tanto.

Antes os he expuesto la importancia de sentir dolor y por supuestísimo la tiene, pero….cual madre primeriza…. el cerebro a veces también se pasa de cuidados.

A veces, las emociones que sentimos son captadas como amenazas y el cuerpo de alguna manera también intenta librarse de ellas.

Digamos que tenemos un encargado de dar ordenes en nuestra cabeza, éste recibe una señal de excesivo estrés, aumenta tu respiración, tu frecuencia cardíaca e incluso empieza a no dejarte dormir bien para que durante el día te tomes una siesta. Te esta diciendo que pares! Pero… no paras. Pasan los días y el estrés aumenta, sales una noche un poco fresca y… Gripazo!!! Y eso que no hacía tanto frío. De nuevo, tu cuerpo ha bajado tus defensas e intenta meterte en la cama, te pide que desconectes y te cuides. Pero…. No lo haces. ¿¿Qué va a ocurrir?? Pues tu cuerpo va a intentar, de todas las maneras que se le ocurra, frenarte y no parará hasta conseguirlo.

Quizás ese esguince de hace años vuelva a molestar, o surjan dolores nuevos que no hay manera de quitarse de encima. Todo, hasta que pares!!

Si pensamos en todo esto, nos damos cuenta de que esos dolores no tienen por qué ser lesiones reales, no tiene por que haber un daño en nuestros tejidos, simplemente, nuestro cuerpo está intentando evitar esa amenaza (estrés u otras cosas) de la manera que puede permitirse.

 

Una vez visto el dolor desde diferentes situaciones..

¿Qué debemos recordar?

  • Que la mezcla del daño en nuestros tejidos junto con nuestras emociones, será lo que nos haga tener un nivel de dolor u otro. (De tal manera que un daño, como el simple hecho de estar mucho rato sentado y necesitar cambiar de postura es detectado por nuestro cerebro como un daño, aunque nosotros no lo consideremos dolor. Pero que si emocionalmente no estamos bien, esa molestia la podemos percibir como dolor.)

 

  • Que el dolor es simplemente vuestro cuerpo pidiendo vuestra atención, que debéis aprender a escucharlo y lo más importante, tomar decisiones para ayudarlo a librarse de esas amenazas. (Sean del tipo que sean)

 

  • Que recientemente estamos aprendiendo técnicas para decirle a nuestro cerebro que la amenaza se acabó. (justo ahora estoy preparando un programa enfocado a la fibromialgia y fatiga crónica)

 

  • Y lo más importante, que tenéis el poder de dejar el dolor a un lado en vuestras manos, sólo hay que encontrar la manera de guiarlo.

 

A mis pacientes, ya intento concienciarlos de él, pero me gustaría con este post, poder llegar a más personas y así poder poner un granito de arena en la superación de vuestras molestias.

Como siempre, tenéis un enlace de la evidencia científica más arriba. Pero esta vez quiero recomendar el libro “Explicando el dolor” de los prestigiosos investigadores Lorimer Moseley y David Butler.

 

Hasta pronto!!


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